24 de Marzo |

La voz que nos enseñaron las Madres de la Plaza

Las madres nos marcaron el camino y la pandemia no nos detiene. Hoy tenemos la oportunidad de iniciarlo con las premisas de aquellos soñadores que pensaron en un mundo que se acerque más a los trabajadores en pos de una nueva sociedad.
Mar, 24. 2020
CTAA provincia de Santa Fe

¿Qué significó para la vida de nuestros pueblos la dictadura militar instaurada en Argentina en 1976?

Debemos verlo en varias dimensiones centrales, que no quiere decir que sean las únicas. La primera tiene que ver con la Escuela de las Américas, financiada por Estados Unidos para toda Latinoamérica o con la Escuela Superior de Guerra de Francia, cuna de la doctrina de guerra contrarrevolucionaria, que redefinen el rol de las fuerzas armadas instalando en todo el territorio nacional la idea de enemigo interno. Atacando todas las libertades públicas e individuales, interviniendo las mayorías de las instituciones públicas del país. Suprimiendo la constitución nacional, cerrando el parlamento, nombrando interventores civiles y militares en todas las provincias, prohibiendo la actividad partidaria y sindical, instalando la doctrina de seguridad nacional.

La segunda tiene que ver con los trabajadores y las trabajadoras, que es lo central de esta nota. En ese sentido, no podemos dejar de mencionar la cacería sobre los delegados y comisiones internas de fábricas. En relación a los derechos laborales, se suprimieron todos los convenios colectivos de trabajo y cualquier acción política sindical, considerándola subversiva en el marco del terrorismo de Estado que se instaló el 24 de marzo, pero que venía siendo construido desde años anteriores, con la fatídica Triple A, motor de la derecha y de la burocracia sindical.

Los principales dirigentes que valoraban la autonomía de la clase trabajadora, Raimundo Ongaro en los gráficos, René Salamanca en SMATA, Agustín Tosco en Luz y Fuerza, los protagonistas del Villazo; eran exponentes de representaciones e ideas en franco retroceso y, si todavía no tenían intervenidos sus gremios, pronto la dictadura lo concretaría.

Está claro que en el ámbito de lo laboral, en relación a las políticas sociales, principalmente la salud y la educación iban a ser reformuladas, lo que preanunciaba la crónica de una muerte planificada y anunciada desde los estertores del poder mundial de las finanzas. Clara muestra de lo que pasó en Argentina, que ya venía sucediendo en los países de América del Sur, destacándose la barbarie pinochetista en Chile, tras el derrocamiento de Salvador Allende.

La otra cuestión a la que debemos hacer referencia es la reforma financiera que, todavía a más de 43 años desde que se inicio este delirio fascista y desde que recuperamos la democracia en 1983, sigue en vigencia. Aquí también se atacó al sector de los trabajadores vinculados a la labor cambiaria, cerrando más de 900 entidades financieras, entre las que se encontraban mutuales, cajas de créditos, que se fusionaron con otras entidades bancarias, vinculados a la actividad local, regional y nacional. La ley de entidades financieras N° 21526 del 14 de febrero de 1977, habilitó la especulación por sobre la producción y permitió fugas de capitales, desregulando la actividad cambiaria. Dio lugar a un proceso de ininterrumpido de concentración y desnacionalización del sistema bancario.

En ese sentido, el estudio del compañero Claudio Lozano en materia de deuda externa denuncia a la deuda contraída ilegalmente, que muestra un crecimiento exponencial desde 1976 hasta la actualidad.

Contraída en un contexto de brutal represión y sostenida en el marco de la institucionalidad democrática, se trata de una estafa direccionada hacia nuestro pueblo. Hacia los sectores medios pero principalmente contra la clase trabajadora y los sectores vinculados a la economía popular.

Los informes de la Secretaría de Hacienda del Ministerio de Economía de la Nación muestran los pagos netos de la deuda desde 1990 al año 2015 e indican cómo se duplicaron en relación a la etapa de convertibilidad menemista (8162 a 19766 millones de dólares) 1.

Nacimiento de una central autónoma y de liberación

Cuando surgió la Central de Trabajadores de la Argentina, en diciembre de 1991 en Burzaco, se planteaba estratégicamente ante una nueva ofensiva de los capitales neoliberales, para fortalecer en tiempos de defensiva y reconstrucción del movimiento obrero la identidad de clase, revalorizar su autonomía, y denunciar los atropellos de los derechos ante el cierre de fábricas y pérdida masiva de trabajo. Sin duda, la convertibilidad menemista fue una de las estafas políticas más notorias en la historia de nuestro país: achicando el Estado, justificando que se gastaba mucho, privatizando empresas nacionales vinculadas a la siderurgia, transfiriendo sin recursos hospitales y escuelas a las provincias, devaluando el poder adquisitivo de los salarios y los haberes de millones de jubilados, reduciendo a la mínima expresión la negociación colectiva.

Sin dudas, los principios de solidaridad, el antiimperialismo y la definición de autonomía, entendiendo que cualquier trabajador pueda ser representado independientemente de su situación laboral, filiación política o gremial a través del voto directo que se consagra con la participación de más de 150.000 trabajadores eligiendo democráticamente a sus dirigentes, son la marca registrada de nuestra Central.

Ante la traición de la conducción de la CGT, una de las primeras definiciones se relacionó con la campaña que juntó un millón de firmas evitando que desaparezca de raíz el sistema de jubilaciones y pensiones de reparto. También es de destacar la Campaña Nacional por un Millón de firmas por un Seguro de Empleo y Formación para las jefas o jefes de familia desocupados y una asignación familiar por hijo para todos los trabajadores y la realización de la Marcha Grande por Trabajo para Todos.

Nada de ello pudo evitar las tragedias neoliberales de los años noventa, finalizada en una primera etapa con la represión del 2001, con la renuncia de De la Rúa y la implementación del estado de sitio.

No hay que olvidar las crisis sucesivas que sufrió nuestra CTA desde el año 2010 a la fecha. Pero tratamos de no perder el hito fundacional que nos posicione en defensa absoluta de les trabajadores, intentando recuperar junto a otros sectores populares y gremiales iniciativas que reconfiguren el movimiento obrero en sentido estratégico nacional, regional, latinoamericano y mundial.

Tampoco se trata de soslayar las conquistas que sobrevinieron a esta tragedia económica iniciada con Carlos Menem y concluida con Eduardo Duhalde. No negamos los avances desde el 2003: la apertura de los convenios colectivos de trabajo, la vuelta al sistema de reparto, el matrimonio igualitario, la recuperación de aerolíneas como aerolínea de bandera nacional y muchas conquistas más. Pero nos dejó un tremendo dolor de cabeza el acentuado pago de la deuda externa y su crecimiento a la par de la precarización laboral en el sector público y el privado. También la deuda a los jubilados y un manto de sospecha sobre la corrupción del Estado.

En este repaso, no hay que perder de vista los últimos cuatro años de macrismo encendido, que puso más leña al fuego, haciendo cenizas las perspectivas de millones de sectores más vinculados a la economía popular, la mediana empresa y asalariados en general.

Un párrafo aparte fue el crecimiento exponencial del movimiento de mujeres y disidencias, que posicionaron la agenda de los derechos a cuidar y decidir sobre sus cuerpos, en defensa de la salud pública, por el aborto legal seguro y gratuito. Que si bien no salió como ley, en esta nueva etapa vuelve a sonar con mucha fuerza en el debate por las políticas púbicas enfocadas y garantizadas para las grandes mayorías.

Las huellas del pasado nos enseñan

Una vez más el pueblo deja su marca en los múltiples reclamos, tratando de mostrar en las calles que la democracia es para educar, curar y trabajar. Los preceptos constitucionales están en la conciencia de nuestro pueblo. La memoria estuvo viva en cada crisis que se supo superar.

En épocas de coronavirus, cuarentenas, aislamiento preventivo y cuidados intergeneracionales, creemos que es central no perder de vista estas dos grandes razones pendientes, generadas desde marzo del ‘76: el mundo del trabajo en el rol central de un Estado que debe todavía definir en la práctica fuertes políticas públicas que definan otra distribución de la riqueza, superadora de esta crisis global que nos acecha hoy y desde hace más de 20 años; y una nueva ley de entidades financieras, medida indispensable ya que no hay más excusas para dejarla seguir funcionando.

En complemento, debe haber para las organizaciones de los trabajadores una nueva representación en perspectiva de género en paridad, con libertad y democracia sindical, que garantice el derecho a construir organizaciones libres sin tutela del Ministerio de Trabajo, con garantías sindicales para los delegados y delegadas en todo ámbito laboral, afiliación directa sin incidencias del Estado, pleno derecho a la negociación colectiva para todas las entidades gremiales sin distinción para representar los intereses individuales y colectivos de les trabajadores y con pleno derecho a huelga sin intromisión de la autoridad administrativa del Ministerio de Trabajo.2

Sin dudas, debemos cuidar y profundizar lo escrito y luchado con más democracia, para que no olvidemos nunca el origen memorioso de esas “locas” que la dictadura quiso aislar y no pudo.

Este 24 de marzo de 2020, como siempre lo hicimos en cada acto, marcha, conflicto y donde nos encontremos, estaremos gritando fuerte una vez más “¡Madres de la plaza, el pueblo las abraza!” y “¡30.000 detenidos desaparecidos presentes ahora y siempre!”.

Las Madres nos marcaron el camino y la pandemia no nos detiene. Hoy tenemos la oportunidad de iniciarlo con las premisas de aquellos soñadores que pensaron en un mundo que se acerque más a los trabajadores en pos de una nueva sociedad.

1. Claudio Lozano, “La deuda ilegítima. Renuncia del parlamente, desafío de la democracia”. Editorial Autonomía, 2019.

2. Proyecto de Ley de Organizaciones de Trabajadoras y Trabajadores por la Libertad y la Democracia Sindical en Argentina. Víctor De Gennaro. 2013

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