44 años sin Tosco

Por Comunicación CTAA*| En un nuevo aniversario de la muerte del dirigente de Luz y Fuerza de Córdoba, el recuerdo de sus últimos días, en la clandestinidad y perseguido por la Triple A, y la gran movilización popular que acompañó su despedida, dan cuenta de la coherencia con la que vivió y murió el exponente máximo del sindicalismo combativo argentino.

La fecha oficial de fallecimiento fue el 5 de noviembre de 1975, en la ciudad de Córdoba. Pero Agustín Tosco había muerto un día antes y en Buenos Aires. La profunda clandestinidad en la que lo obligaba a vivir la persecución de la Triple A le impidió tratar correctamente una enfermedad que en condiciones normales hubiera podido superar, pero que terminó con su vida a los 45 años. Después de la “primavera camporista”, pudo haberse ido del país, pero no lo hizo. Decidió quedarse y enfrentar su última batalla: la Triple A lo había condenado a muerte y hasta el propio jefe de policía de Córdoba lo había tildado públicamente de “criminal terrorista”. “El Gringo fue una víctima más de la represión”, aseguró uno de sus abogados defensores.

Luego de que sus compañeros hubieran trasladado su cuerpo hasta la ciudad mediterránea en el asiento del acompañante de una ambulancia, el 7 de noviembre tendría lugar “una de las manifestaciones de dolor colectivo más grandes que se recuerden en Córdoba”. Fue velado en el domicilio de un dirigente lucifuercista y luego continuó en el Club Redes Cordobesas. Desde allí salió el multitudinario cortejo que, con más de 50 cuadras, se desplazó lentamente hasta el Cementerio San Jerónimo. Según las crónicas, al llegar, cuando caía la tarde, desconocidos apostados en los techos de los panteones dispararon contra la concurrencia, que se dispersó en desorden. Un grupo de trabajadores logró a duras penas colocar el féretro en una bóveda ajena y recién por la noche, cuando se restableció la calma, en medio de una ceremonia íntima, lo trasladaron al panteón de Unión Eléctrica, donde los restos de Agustín Tosco permanecen hasta hoy.

En una entrevista, le habían preguntado cómo quisiera morir y cómo no quisiera hacerlo. Dicen que respondió casi sin respirar, como si supiera la respuesta desde antes: «El marxismo dice que la muerte es necesaria. Yo no me planteo cómo tendré que morir, creo que mi fin será consecuente con mi lucha, no sé en qué circunstancia. Lo importante es morir con los ideales de uno. Ahora, no me gustaría morir habiendo traicionado a mi clase».

No sólo murió con sus ideales intactos, sino que dejó un legado sobre coherencia, política sindical y defensa de la clase trabajadora que aún hoy resuena entre quienes recorren el camino de la lucha gremial en la Argentina. Tosco, por siempre ejemplo y figura del sindicalismo combativo.

* Comunicación CTA Autónoma

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