A dos años de la partida de Alberto Morlachetti

Por Luciano Candiotti* | Mi amigo, maestro-padre y compañero Alberto Morlachetti a dos años de tu partida extraño tanto las madrugadas interminables de sobremesas al rededor del TEG o la generala y la discusiónes políticas o sobre arte y la praxis que elegimos para nuestras vidas, tus caras de sorpresa con los ojos agigantados y la carretilla y la boca apenas caída, acompañadas por un suave movimiento de cabeza que despertaba la carcajada, o lo profundo y agudo de tus ojos ante una burrada o frase jodida de algún pobre interlocutor.

Los viajes compartidos, los chistes, lo brillante de tus intervenciones, charlas o discursos cuando tu voz hacia estremecer el alma de plazas y auditorios. Lo cálido e inabarcable de tus abrazos, las caricias a mis hijas o a nuestros pibes cada vez que nos regalabas tus visitas o nos encontrábamos en tu casa, o en pelota de trapo, que también adoptamos un poco como propias.

Ya no encuentro con quien hablar de Marx, los anarquistas, Makarenko,Walter Benjamín, Paulo Freire, Simón Rodríguez , Mariategui, Tupac Amaru, Roberto Arlt o el realismo mágico, la ternura de los pueblos originarios a sus niños, el sindicalismo combativo, tosco, walsh, Salamanca, el compromiso, el amor incondicional a nuestros pibes, el rol del educador, organizar a la clase o nuestras marchas y acciones hacia afuera y hacia adentro en esa dialéctica de nuestras obras de lo general a lo cotidiano, de lo chico a lo grande. Ya no encuentro esa capacidad y esa genialidad que emanaban de vos cuando construías tus hipótesis y tesis, cuando leías la realidad con una claridad incomparable, la intuición y tu olfato político cual viejo vizcacha.

Candiotti (izq) junto a Morlachetti en Marcha de los Chicos del Pueblo

Desde donde estés sabes que estamos más jodidos desde que te fuiste. Me siento muy huérfano. Pero que te quede claro que no hay tristezas, siento el orgullo de haber compartido tantas cosas con vos, que me hayas enseñado tanto con tu vida y tu ejemplo como con tu palabra.

Nos constituiste como educadores, hombres y mujeres, nos hablaste y nos marcaste con tu coeherencia y nos acercaste un poco al horizonte de la utopía, donde el pan y los abrazos nos sobrarán a todos y donde nadie será el amo de nadie. Gracias por tu vida y tu talento de constructor, gracias por tu palabra y por dejarnos huellas de pisada firme para que podamos seguir transitando la aventura de una vida colectiva. Te quiero y te aseguro que con ternura venceremos, como nos enseñaste. Hasta el próximo abrazo.

*Luciano Candiotti, Asociación Civil Juanito Laguna, ciudad de Santa Fe

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