El precio de la salud, el ecosistema y el futuro

Por Sofía Alberti* | Este 20 de abril se desarrolló en la Bolsa de Comercio de Rosario el remate simbólico del 1° lote de soja de la campaña 2016/17. Un grupo de organizaciones, entre ellas la CTA Autónoma, realizó una actividad de denuncia y difusión en las puertas del edificio, planteando  las graves consecuencias del modelo productivo actual.

Bajo un sol radiante en una de las arterias céntricas más transitadas, un grupo de jóvenes está en fila con barbijos. Detrás, la guardia trajeada de la Bolsa de Comercio los mira con cierto desdén. Se trata del repudio público al acto privado en todos los sentidos que se realiza dentro del edificio de Paraguay y Córdoba. “Rosario, pueblo fumigado” dice la bandera que los encabeza.

Como cada año, diversas organizaciones ambientalistas, de derechos humanos, sociales y sindicales, se convocan en la céntrica esquina rosarina para denunciar lo que sucede dentro de la Bolsa. Con carteles e intervenciones dan muestras de los altos niveles de contaminación, enfermedades, explotación y hambre que genera la actual dinámica productiva. “Aumento el precio y la pérdida de calidad de los alimentos, es necesario discutir el tema de la tierra, los alimentos que ingerimos en Rosario también están fumigados”, alertó Sol Morell de Semillas en Rebelión.

El monocultivo de soja está ligado a la metodología de siembra directa y la expansión del uso de agrotóxicos que, tal como han demostrado estudios científicos, tienen efectos nefastos sobre la salud humana. De hecho el área de mayor cantidad de fumigaciones en la provincia coincide con el mapa del cáncer difundido por el propio Ministerio de Salud.  “Denuncié hace tres años un derrame de ocho mil litros de 2,4D sobre la banquina en San José de la Esquina, en estado de pureza. Fue a las 6 de la mañana y lo contuvieron recién al mediodía. Llegó al Río Carcarañá que desagua en el Paraná y ahora se asombran por encontrar glifosato en el Paraná. Santa Fe es una provincia fumigada, con este negocio que genera una renta egoísta que afecta nuestra salud, la de nuestros hijos y nietos. Porque los efectos de quince años de agrotóxicos se ven hasta en la tercera generación de expuestos”, denunció Roberto Sacchi de Paren de Fumigarnos.

Galarza

María Celia Galarza, Secretaria de Medioambiente y Condiciones de Trabajo de la CTA Rosario, también apuntó a los “funcionarios funcionales al modelo de saqueo, enfermedad y muerte” que junto a productores y especuladores festejaban y participaban de este evento. “Las zonas rurales están despobladas y las personas vienen a vivir en las peores condiciones a las ciudades. Hay estudios que demuestran que el agua y los alimentos están contaminados. Hasta las golosinas tienen derivados de la soja rociada con agrotóxicos. Estamos en una emergencia ambiental y de salud”, aseguró.

Ante la posibilidad latente de una nueva guerra mundial, la discusión sobre el modelo productivo es nodal. La escalada armamentística es la expresión más letal del genocidio cotidiano que se vive producto de las distintas facetas que necesita el actual sistema para mantenerse: la “inseguridad” para construir al otro como enemigo y la salida represiva a los jóvenes pobres de barrios marginados; el hambre de ocupados con sueldos de miseria y desocupados, que se traspasa por generaciones; las muertes en los lugares de trabajo por falta de medidas de seguridad que ahorran míseros costos a las patronales pero, sumado a la precarización laboral significa incremento del margen de ganancia empresaria; el negocio de las armas, la droga y la trata, tan ligados entre sí, poco perseguidos y muy vinculados a las esferas de máximo poder mundial; etcétera.

Pero lamentablemente la historia muestra que con eso no alcanza. Las nuevas vedettes de las recicladas formas de dominación, implican que cada tanto vuelvan a dividirse los territorios. Para eso los sectores hegemónicos construyen enemigos, se arman hasta los dientes y avanzan sobre los recursos naturales. Lo hicieron con África, parte de Asia y ahora será el turno nuevamente, como hace 525 años, de América Latina.

“Se habla de una cuarta guerra mundial y tienen que ver que los imperios piensan en la generación de commodities mediante el extractivismo. Esto hipoteca el futuro de esta generaciones y las que vienen”, definió Galarza. Por eso convocó a todos los trabajadores y trabajadoras (doblemente explotadas) a pensar que “no somos soberanos por tener un sueldo y seguir consumiendo, hay que involucrarse en todos los niveles de la lucha por la vida”.

*Nota y fotos: Sofía Alberti, Comunicación CTA Rosario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *