Hacia el Estado laico que necesitamos

Por Gustavo Terés* | Desde la Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina Autónoma manifestamos nuestro apoyo a la iniciativa de la compañera concejala Celeste Lepratti, quien a través de una ordenanza planteó la retirada de la simbología religiosa de los espacios públicos, como hospitales, escuelas y oficinas del Estado.

Argentina viene de una historia donde las tensiones entre la Iglesia y el Estado atravesaron momentos trascendentales del país. Desde la creación del Estado Nación, pasando por la Ley 1420, pilar de la negación de la injerencia religiosa en la educación pública, como así también el rol de la Iglesia en el golpe de 1955, la lucha a fines de los años 50 entre la disputa de educación laica y libre, o la presencia de sectores mayoritarios de la iglesia y sus símbolos en golpes de estado, son una marca. Como se ha desarrollado históricamente, esta relación poco ha aportado a la vida democrática del país en clave de instituciones.

El masivo debate que tuvo al movimiento feminista al frente de la problemática del aborto este año y la Educación Sexual Integral, encontró en la Iglesia en una posición puramente conservadora que no sólo generó malestares en aquellos no comparten sus creencias, sino también de una parte importante de quienes son creyentes.

Hay que ser claros en esto: separar la Iglesia del Estado, no es un ataque a la religión ni a las instituciones religiosas. Es una iniciativa que impulsa la concordia de los hombres y mujeres alrededor de lo común y no de lo que nos separa, respetando las diversidades.

No compartimos en absoluto la crítica del Arzobispado hacia la iniciativa de esta concejala que apuesta desde sus ideas políticas de izquierda y fe cristiana a la lucha de aquellas y aquellos a los que se quiere dejar sin voz. No sólo a través de la imagen, sino del ejemplo militante de su hermano Pocho Lepratti y experiencias con el Padre Edgardo Montaldo de Barrio Ludueña, Celeste es partícipe de ese compromiso con los sectores más desposeídos.

Infinidad de veces fuimos parte de convocatorias junto a ella y a otros luchadores sociales de ese espacio en Ludueña, donde en la confluencia de cristianos, no cristianos, organizaciones sindicales, sociales y políticas, siempre antepuso a los valores de la creencia individual la defensa de los derechos humanos en forma integral, en un claro ejemplo que habitamos una sociedad diversa, que puede construir el horizonte de un mundo donde quepan todos los mundos.

Reafirmamos este derecho y lo hacemos sabiendo cómo sí han abonado y abonan a la vida democrática curas del pueblo como fueron Montaldo, Mujica, Angelelli y tantos otros y otras. No es tiempo de privilegios sociales, económicos, ni religiosos. Avanzar en la separación de la Iglesia del Estado, implica fortalecer el laicismo legitimado por la soberanía popular que apunte a la libertad de conciencia, a la igualdad de derechos y valores universales. Apostamos a vivir juntos en las diferencias de opinión y opciones religiosas.

Ser laico no es ser anti religioso, respetando la libertad de conciencia y que cada culto despliegue sus tareas en su comunidad. Realzamos los valores universalistas basados en los derechos humanos y por eso creemos que esta ordenanza es un paso más en la larga marcha para lograr concretarlos.

*Gustavo Terés, Secretario General de la CTAA Regional Rosario y Amsafe Rosario

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