La otra historia

Por Carlos Saglul* | Toda batalla por el poder es cultural. Ningún ejército estará vencido hasta que podamos convencerlo de ello. Arrebatar a un pueblo su historia es condición insoslayable para romper cualquier proyecto de construcción colectivo que implique el bienestar de las mayorías.

Carlos Saglul. Fuente: Facebook

El actual plan económico tiene antecedentes directos en el de la dictadura militar que fue hijo del genocidio. No es casual que se vuelva a imponer la “teoría de los dos demonios”, la libertad de los genocidas a través del “dos por uno” y la exasperante lentitud de los juicios a los represores.

Hay que liberar a los genocidas para enterrar el Nunca Más. Este gobierno profundamente clasista se ha propuesto arrastrar al olvido el horror que hizo posible la instauración del neoliberalismo que profesa. Esa obsesión lo llevó hasta intentar cambiar la fecha de conmemoración del inició de la dictadura.

Luego de las próximas elecciones, con el recrudecimiento del ajuste anunciado hasta el cansancio desde los medios del oficialismo, reverdecerá la reacción obrera y la represión. Los dirigentes sindicales y sociales coherentes con la defensa de los intereses de los sectores populares estarán en la mira.

El retroceso de los derechos laborales, la flexibilización que promete Mauricio Macri -donde “hay que trabajar el domingo si es necesario”-, convenios colectivos a la baja y la superexplotación obrera, se presentan como la única manera de “garantizar inversiones”.

Para ello, el poder necesita de un contexto de miedo disciplinador. Ocupados que temen perder el empleo. Y una enorme masa de desocupados que garantiza sueldos bajos con planes sociales. Y cuando no alcanza, represión. No hay otro plan.

La clase trabajadora fue la principal víctima del menemismo. Eso se repite con el macrismo. Las jubilaciones, los salarios, el despido de miles de trabajadores junto a la maximización de las ganancias tienen en pulmotor a una economía que sobrevive merced a una burbuja de créditos, gran parte de lo cual se convierte en una gigantesca fuga de recursos al exterior, que tarde o temprano estallará.

Durante el gobierno de Carlos Menem muchos obreros aceptaron renunciar a sus empleos a cambio de participar en mini-emprendimientos que la multinacional en la que trabajaron prometía asociarlos. Los sueños que le prometían las sirenas mediáticas de llegar a la clase alta no tardaron en naufragar. Algunos cayeron en la desocupación, se multiplicaban por todos lados los kioscos y remises.

Hoy, como aquellos obreros de los noventa, muchos se acogen al retiro voluntario con una indemnización pagada al contado o tentadoramente multiplicada de acuerdo a la antigüedad (como en el Grupo Clarín). No importa que su sindicato esté dispuesto a dar pelea o no. Muchos trabajadores, sin siquiera intentar el camino de la lucha, aceptan la indemnización. No encontrarán otro trabajo en la mayoría de los casos. Serán los nuevos desaparecidos sociales.

Es imperioso que dirigentes sindicales y delegados asuman que la lucha contra el neoliberalismo es fundamentalmente cultural. Es necesario romper con el sentido común impuesto por los medios. No sólo el triunfo es individual en el relato hegemónico. La meritocracia convierte a la víctima en “un fracasado”. El fracaso que se siente en soledad no permite buscar la solución en lo colectivo. Sólo la contención que da un proyecto integral de Nación junto a la reconstrucción de un ser humano solidario puede arrimar esperanza a la lucha.

Es necesario ganar las calles, pero ya no basta movilizarse para resistir y defender la fuente de trabajo. Devolver al trabajador la mística y el orgullo de pertenecer a la clase sólo se logrará con dirigentes que vivan las ideas que predican en lugar de administrarlas. Dirigentes que digan lo que piensan y hagan lo que digan. Y que sepan mostrar credibilidad a la hora de proponer un proyecto alternativo al de este Gobierno patronal.

Si podemos ver a través de la bruma del relato oficial, no es difícil encontrarlo. Está en el Plan de Operaciones de Mariano Moreno, en los Programas de Huerta Grande y La Falda. No se trata de pedir créditos a nadie, solo de impedir que nos sigan saqueando. Ese proyecto emancipador está más vivo que nunca en los sueños de una Patria para todos que le costaron la vida a nuestros treinta mil compañeros desaparecidos.

*Carlos Saglul, Secretario Adjunto del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SIPREBA). Fuente: Canal Abierto

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