Piden explicaciones por la misteriosa muerte de una docente en una comisaría

Por Nicolás Maggi* | La mujer fue a la seccional 10.º de Rosario a denunciar un robo, pero terminó esposada y falleció. El ministro de Seguridad respaldó a la policía y no desplazó a ningún agente. Organismos y legisladores reclaman que se investigue.

Como ya se está haciendo costumbre en Rosario, otra vez la Policía santafesina se vio envuelta en un caso plagado de zonas oscuras y discursos cruzados, que emana un fuerte hedor a violencia policial. Esta vez fue un episodio sucedido en la comisaría 10.° de la zona norte de la ciudad, famosa por desalentar a los vecinos para que no hagan denuncias y donde hace poco se fugaron dos presos en circunstancias poco claras (son 59 los evadidos en el último año, solo en la región Rosario). Además, es la misma que tenía a su cargo la custodia de la casa del exgobernador Antonio Bonfatti cuando fue baleada en 2013.

María de los Ángeles París tenía 45 años y era madre de una hija adolescente que vivía con ella y criaba sola, con mucho esfuerzo. Trabajaba como bibliotecaria en el Complejo Educativo “Francisco de Gurruchaga” y en la escuela Técnica N.° 464, más conocida como Técnica 2, su anterior denominación cuando pertenecía a la órbita nacional. El último miércoles 3 de mayo salió, con el guardapolvo puesto, a las 18.45 del establecimiento, ubicado en Tucumán al 2400, en el que se desempeñaba a la tarde y era muy querida por alumnos y compañeras. Hizo algunas compras en un hipermercado de la zona y un rato más tarde subió, en Santa Fe y Pueyrredón, a algún medio de transporte público, aunque no queda claro si fue un taxi o un colectivo.

A partir de allí, su itinerario entra en una nebulosa, solo se sabe que nunca llegó a su casa en Zona Cero, un barrio del extremo norte de la ciudad. Cabe la posibilidad de que haya tenido algún incidente a bordo del vehículo, pero son todas especulaciones. Sus allegados dicen que cerca de las 20 estaba lejos de la comisaría de Alberdi, que queda a una distancia considerable y no tiene jurisdicción en la zona de su domicilio, en la que ya había sido asaltada unas 6 veces. El único dato preciso es que entró viva pasadas las 21 a la décima a hacer una denuncia y que salió muerta dos horas más tarde.

Según el parte oficial, Ángeles entró la dependencia policial de Darragueira al 1100 diciendo que ladrones a bordo de una moto le habían querido robar en la calle. Esta versión indica que la mujer refirió que le tenía pánico a los ciclomotores y que se ponía nerviosa cuando circulaban cerca de ella por la calle. La mujer aguardó a que la atiendan, hasta que, en un momento, salió a la vereda intempestivamente.
En el medio, la policía dice, en un relato confuso y con algunas contradicciones, que la subió a un patrullero para llevarla a su domicilio, que se comunicaron con un familiar y que luego llamaron al Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias porque tenía un brote psicótico, pero nunca la acercaron a un hospital, como hubiese correspondido. A las 22 horas fue ingresada a la dependencia nuevamente y de forma violenta por policías, que la esposaron y la encerraron en un cuarto sola, aislada, porque sostienen que su comportamiento era violento. A las 22.55, según la versión policial, la hallaron sin vida. La ambulancia llegó cuando ya era tarde.

Esclarecer

La mujer no estaba en condición de detenida, por lo que, desde Amsafé Rosario, que se puso al frente del reclamo junto con colegas de la bibliotecaria, creen que hubo “una situación de violencia dentro de la comisaría”. Daniela Vergara, secretaria de Derechos Humanos del gremio, afirmó en diálogo con El País Digital que las imágenes tomadas por las cámaras de videovigilancia ubicadas dentro del edificio muestran que María de los Ángeles “estuvo sentada, tranquila, esperando para hacer la denuncia”.
Según su relato, luego “salió a la calle, y dos agentes la siguieron, la entraron por la fuerza y la esposaron”. Algunos vecinos, incluso, contaron que la tomaron del cuello y de los pelos. La mujer estuvo casi una hora encerrada sola en un cuarto, hasta que falleció. “No recibió ningún tipo de asistencia médica. Es un caso muy oscuro, muy escabroso, donde hay muchas irregularidades. Nos estamos movilizando para que esto se esclarezca”, apuntó la dirigente.

“Queremos cuidar la imagen de la compañera, que era una mujer comprometida con su trabajo, porque se han dicho muchas mentiras”, dijo en referencia a las versiones policiales que circularon luego del hecho, que hablaban de problemas mentales de la mujer y alteraciones en la conciencia. “La compañera murió ahí dentro, abandonada, y esto es responsabilidad de la policía. Queremos que el gobierno de la provincia tenga una intervención directa y se haga responsable, no entendemos por qué el ministro de Seguridad justificó el accionar policial, se están negando a investigar. Queremos que se intervenga a la comisaría y se corra a todos los funcionarios que participaron”, señaló Vergara.
Si bien entre todos los organismos que acompañan a la familia de la víctima (Amsafe, Cátedra de Criminología de la Universidad Nacional de Rosario y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos) decidieron conformar una comisión investigadora para intentar esclarecer por sus propios medios el hecho, paralelamente solicitaron que se aplique el Protocolo de Minnesota de Naciones Unidas en la investigación, que prevé que no participe la misma fuerza que está sospechada de ser responsable en el hecho y, en su lugar, lo haga una de jurisdicción federal.

Responsabilidades

Lo cierto es que nadie sabe por qué murió, ya que el informe preliminar de la autopsia llevada a cabo en el Instituto Médico Legal solo arrojó que se produjo un paro cardiorrespiratorio (la razón por la que muere prácticamente todo ser humano, sin distinción si la causa es una muerte natural, un accidente o un asesinato), a la vez que descartó traumas en la zona del cuello y lesiones internas. Solo se mencionaron “lesiones leves”, como las producidas por las esposas, que no bastarían para explicar el deceso, pero los organismos sostienen que tampoco hubo perito de parte constatando la validez del estudio realizado sobre el cadáver.
En una práctica común en casos que ponen bajo sospecha el accionar policial, se realizó, desde la misma fuerza, la Fiscalía y el gobierno provincial, una campaña de información de dudosa rigurosidad que puso el ojo sobre la víctima en lugar de buscar posibles responsabilidades institucionales: primero se dijo que la mujer era esquizofrénica (versión que fue desmentida por la directora de la escuela Gurruchaga y sus compañeras), y luego se deslizó que la muerte podría haber sido generada “por la ingesta de alguna sustancia”.

Esta última hipótesis podría ser descartada o ratificada en 30 días, cuando lleguen a Fiscalía los resultados de los exámenes toxicológicos y anatomopatológicos realizados sobre el cuerpo. Pero aún si los restos de la mujer mostraran vestigios de alguna droga o medicación que le hayan provocado la muerte, habría que indagar si no fue proveída por los mismos agentes durante el encierro, y por qué no se le proveyó asistencia médica, que quizás hubiese salvado su vida.

Por lo pronto, desde la cartera de Seguridad que comanda el ministro Maximiliano Pullaro salieron a respaldar a la policía, descartaron sanciones y negaron irregularidades. De hecho, creen que no hay razones para investigar lo que sucedió, ya que ni siquiera abrirán un sumario en Asuntos Internos. “No hay elementos para pensar que pudo haber habido responsabilidad policial”, dijeron.

Dudas

Sin embargo, los datos que arroja por el momento la necropsia no significan que esté descartada la participación de uniformados en el fallecimiento de París. “El cuerpo tenía escoriaciones, pero ningún golpe era mortal. Creemos que la han maltratado cuando fue a hacer la denuncia, la mujer se brotó y, en lugar de llevarla a un hospital donde la mediquen para aplacar el cuadro, la sacaron a dar una vuelta en patrulla y, como no fue suficiente, después la esposaron a una silla y le pegaron. No podés hacer eso con una persona que tenga ese nivel de alteración, corre riesgo su vida”, apuntó Gabriel Ganón, especialista en violencia institucional, consultado por este portal. El ex defensor general de la provincia, que aseguró que el hecho encuadra en «tortura seguida de muerte», recordó un caso similar: “Fue en San Nicolás hace unos diez años, un tipo joven tuvo un brote psicótico en la terminal de ómnibus. La policía le dio el tratamiento que suele dar, el de los palos, y se murió de un paro cardíaco”, ejemplificó.
El confuso episodio disparó también un pedido de informes en la Cámara de Diputados, donde el legislador radical de Cambiemos Sergio Más Varela solicitó al Ejecutivo provincial conocer si las comisarías cuentan con lugares especiales para alojar a personas en custodia y si existe un protocolo al respecto. Además, requirió conocer si el personal policial se encuentra capacitado para la contención de víctimas de inseguridad y preparados para brindar asistencia en reanimación cardiopulmonar. “Es importante que el personal se encuentre capacitado para la contención de las víctimas que concurren a las comisarías para solicitar asistencia frente al hecho de inseguridad, como también deberían estar preparados para brindar asistencia en RCP”, indicó el diputado.

Historia negra

No es la primera vez que en la seccional ocurre un hecho que queda envuelto en un halo de misterio. A principios de marzo, dos presos por robo calificado se fugaron sin dejar rastro alguno, como si hubiesen salido caminando por la puerta. En el penal no había nada roto, y tampoco se detectaron boquetes o cerraduras violentadas, lo que hace suponer que hubo complicidad de uniformados en el escape. Se trata, además, de la misma seccional que tiene bajo su área de influencia la casa del exgobernador Antonio Bonfatti, atacada a balazos en octubre de 2013. Un policía que prestaba servicios en la comisaría, Pablo Espíndola, fue detenido luego de que en el interior de su automóvil se hallara el arma empleada en el ataque a la vivienda del actual titular de la Cámara de Diputados de la provincia.
Por otra parte, los vecinos de barrio Alberdi —zona de jurisdicción de la comisaría— cuentan que tiene una larga historia de desalentar a las víctimas de delitos para que no realicen las denuncias en esa dependencia, ya que sistemáticamente ponen palos en la rueda o, directamente, no las toman. “La otra noche me abrieron el auto que estaba estacionado en la puerta de mi casa y me robaron varias cosas. Fui a esa seccional a denunciar y me respondieron que tenía que llevar fotocopia del documento. Obviamente era tarde y no tenía ningún lugar donde sacar la copia, por lo que no me dejaron realizar la denuncia. Una vergüenza”, contó a este medio un habitante de la zona. “En la misma comisaría no me quisieron tomar la denuncia de un robo. Alberdi es tierra de motochorros y policías que no hacen más que tomar mate arriba del móvil”, se quejó otro.

Dos casos más

Enmarcado en la escalada represiva que se produce en todo el país con la venia del macrismo, más inclinado por los palos que anteriores gobiernos, hace un tiempo que en Rosario se respira la sensación de que “la Policía hace lo que quiere”. Para coronar esta percepción con otra infamia, esta semana un grupo de agentes armados irrumpió ilegalmente, por asalto y saltando un tapial, en el mismísimo Museo de la Memoria —un edificio público ubicado en pleno centro rosarino— justo mientras se desarrollaba una jornada en el marco de la conmemoración del Día Nacional contra la Violencia Institucional en recuerdo de Jonatan Herrera, víctima del gatillo fácil.

La excusa de los uniformados es que una denuncia había alertado sobre la presencia de pibes que portaban pistolas en el lugar. Las armas eran de juguete y habían sido utilizadas para la obra teatral que representa la muerte de “Joni”. Los chicos que las blandían estaban personificando, justamente, a los uniformados que lo asesinaron mientras lavaba el auto en la puerta de tu casa, al quedar en medio de una persecución a dos ladrones. Como siempre, el Ministerio de Seguridad justificó la tropelía. El episodio es de por sí una metáfora acabada de los tiempos que corren. Julieta, hermana de Herrera, lo sintetizó en una frase lapidaria: “Al final, siempre la protagonista es la Policía”.

Dos días después, ciudadanos evitaron una detención arbitraria en el corazón del microcentro. Una joven de 34 años discutió con una policía de civil en un cajero automático y la quisieron llevar presa. La chica aseguró que tuvo un cruce verbal con una mujer en la cola de un banco. La supuesta oficial —que nunca se identificó— la insultó (“te voy a hacer meter presa, que te armen una causa y que te rompan toda”) y la rodeó con otros uniformados para detenerla.

En la peatonal se amucharon unos 20 uniformados y se vivieron momentos de mucha tensión. Los rosarinos que pasaban por el lugar la defendieron y, abrazándola para resistir los tironeos de los agentes, evitaron que se la lleven. Finalmente, un oficial de mayor rango se acercó al lugar y pidió “terminar con el papelón”. Una orden que, a la luz de los hechos, debería emanar inmediatamente desde el ministro Pullaro hacia todos los integrantes de la fuerza para terminar con esta seguidilla de hechos que degradan y deslegitiman su investidura.

Fuente: http://www.elpaisdigital.com.ar/contenido/piden-explicaciones-por-la-misteriosa-muerte-de-una-docente-en-una-comisara/7865

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