90 años de Walsh, 40 años de la Carta Abierta a la Junta Militar

Por Comunicación CTAA* | Este 9 de enero el periodista, escritor y militante Rodolfo Walsh cumpliría 90 años. El 24 de marzo 2017 será además el cuadragésimo aniversario de su publicación de la Carta Abierta a la Junta Militar a un año del golpe genocida, que compartimos a continuación junto a otras de sus obras.

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“NACÍ EN CHOELE-CHOEL, QUE QUIERE DECIR “CORAZÓN DE PALO”. ME HA SIDO REPROCHADO POR VARIAS MUJERES. MI VOCACIÓN SE DESPERTÓ TEMPRANAMENTE: A LOS OCHO AÑOS DECIDÍ SER AVIADOR. POR UNA DE ESAS CONFUSIONES, EL QUE LA CUMPLIÓ FUE MI HERMANO. SUPONGO QUE A PARTIR DE AHÍ ME QUEDÉ SIN VOCACIÓN Y TUVE MUCHOS OFICIOS. EL MÁS ESPECTACULAR: LIMPIADOR DE VENTANAS; EL MÁS HUMILLANTE: LAVACOPAS; EL MÁS BURGUÉS: COMERCIANTE DE ANTIGUEDADES; EL MÁS SECRETO: CRIPTÓGRAFO EN CUBA”.

“MIS PRIMEROS ESFUERZOS LITERARIOS FUERON SATÍRICOS, CUARTETAS ALUSIVAS A MAESTROS Y CELADORES DE SEXTO GRADO. CUANDO A LOS DIECISIETE AÑOS DEJÉ EL NACIONAL Y ENTRÉ EN UNA OFICINA, LA INSPIRACIÓN SEGUÍA VIVA, PERO HABÍA PERFECCIONADO EL MÉTODO: AHORA ARMABA SIGILOSOS ACRÓSTICOS”

“LA IDEA MÁS PERTURBADORA DE MI ADOLESCENCIA FUE ESE CHISTE IDIOTA DE RILKE: SI USTED PIENSA QUE PUEDE VIVIR SIN ESCRIBIR, NO DEBE ESCRIBIR. (…) OPERACIÓN MASACRE CAMBIÓ MI VIDA. HACIÉNDOLA, COMPRENDÍ QUE, ADEMÁS DE MIS PERPLEJIDADES ÍNTIMAS, EXISTÍA UN AMENAZANTE MUNDO EXTERIOR”.

“Ese hombre y otros escritos personales”, libro que reúne escritos inéditos de Walsh descubiertos en la ex ESMA y en los que el escritor se describe a sí mismo.

 

En el marco de un nuevo cumpleaños del gran periodista Rodolfo Walsh y a poco de cumplirse 40 años de la redacción y distribución de la Carta Abierta a la Junta Militar, que le costaría la vida a manos de los militares genocidas, compartimos esta edición especial de la CTA Autónoma Provincia de Santa Fe .


Además, dejamos a continuación otras dos de sus obras tan vigentes y tan necesarias, que al día de hoy siguen esclareciendo la historia, el presente y nos permiten prepararnos para el futuro. (Se accede a los libros clickeando en las siguientes imágenes)

66_zd030605NOTICIA PRELIMINAR

Este libro fue inicialmente una serie de notas publicadas en el semanario
CGT a mediados de 1968. Desempeñó cierto papel, que no exagero, en la batalla entablada por la CGT rebelde contra el vandorismo. Su tema superficial es la muerte del simpático matón y capitalista de juego que se llamó Rosendo García, su tema profundo  es el dramadel sindicalismo peronista a partir de1955, sus destinatarios naturales son los
trabajadores de mi país. La publicitada carrera de los dirigentes gremiales cuyo arquetipo  es Vandor tiene su contrafigura en la lucha desgarradora que durante más de una década han librado en la sombra centenares de militantes obreros. A ellos, a su memoria, a su promesa, debe este libro más de la mitad de su existencia. En el llamado tiroteo de La Real de Avellaneda, en mayo de 1966, resultó asesinado alguien mucho más valioso que Rosendo. Ese hombre, el Griego Blajaquis, era un auténtico héroe de su clase. A mansalva fue baleado otro hombre, Zalazar, cuya humildad y cuya desesperanza eran tan insondables que resulta como un espejo de la desgracia obrera. Para los diarios, para la
policía, para los jueces, esta gente no tiene historia, tiene prontuario; no los conocen los escritores ni los poetas; la justicia y el honor que se les debe no cabe en estas lín
eas; algún día sin embargo resplandecerá la hermosura de sus hechos, y la de tantos otros, ignorados, perseguidos y rebeldes hasta el fin.

9789505153527-pngPRÓLOGO

La primera noticia sobre los fusilamientos clandestinos de junio de 1956 me llegó en forma casual, a fines de ese año, en un café de La Plata donde se jugaba al ajedrez, se hablaba más de Keres o Nimzovitch que de Aramburu y Rojas, y la única maniobra militar que gozaba de algún renombre era el ataque a la bayoneta de Schlechter en la apertura
siciliana.
En ese mismo lugar, seis meses antes, nos había sorprendido una medianoche el cercano tiroteo con que empezó el asalto al comando de la segunda división y al departamento de policía, en la fracasada revolución de Valle. Recuerdo cómo salimos en tropel, los jugadores de ajedrez, los jugadores de codillo y los parroquianos ocasionales, para ver qué festejo era ése, y cómo a medida que nos acercábamos a la plaza San Martín nos íbamos poniendo más serios y éramos cada vez menos, y al fi
n cuando crucé la plaza, me vi solo, y cuando entré a la estación de ómnibus ya fuimos de nuevo unos cuantos, inclusive un negrito con uniforme de vigilante que se había parapetado detrás de unas gomas y decía que, revolución o no, a él no le iban a quitar el arma, que era un notable Mauser del año 1901.
Recuerdo que después volví a encontrarme solo, en la oscurecida calle 54, donde tres
cuadras más adelante debía estar mi casa, a la que quería llegar y finalmente llegué dos horas más tarde, entre el aroma de los tilos que siempre me ponía nervioso, y esa noche más que otras. Recuerdo la incoercible autonomía de mis piernas, la preferencia que, en cada bocacalle, demostraban por la estación de ómnibus, a la que volvieron por su cuenta dos y tres veces, pero cada vez de más lejos, hasta que la última no tuvieron necesidad de volver porque habíamos cruzado la línea de fuego y estábamos en mi casa. Mi casa era peor que el café y peor que la estación de ómnibus, porque había soldados en las azoteas y en la cocina y en los dormitorios, pero principalmente en el baño, y desde entonces he tomado aversión a las casas que están frente a un cuartel, un comando o un departamento de policía.
Tampoco olvido que, pegado a la persiana, oí morir a un conscripto en la calle y ese
hombre no dijo: “Viva la patria” sino que dijo: “No me dejen solo, hijos de puta”.
Después no quiero recordar más, ni la voz del locutor en la madrugada anunciando que
dieciocho civiles han sido ejecutados en Lanús, ni la ola de sangre que anega al país hasta la muerte de Valle. Tengo demasiado para una sola noche. Valle no me interesa. Perón no me interesa, la revolución no me interesa. ¿Puedo volver al ajedrez?
Puedo. Al ajedrez y a la literatura fantástica que leo, a los cuentos policiales que escribo,
a la novela “seria” que planeo para dentro de algunos años, y a otras cosas que hago para
ganarme la vida y que llamo periodismo, aunque no es periodismo. La violencia me ha
salpicado las paredes, en las ventanas hay agujeros de balas, he visto un coche agujereado y adentro un hombre con los sesos al aire, pero es solamente el azar lo que me ha puesto eso ante los ojos. Pudo ocurrir a cien kilómetros, pudo ocurrir cuando yo no estaba.
Seis meses más tarde, una noche asfixiante de verano, frente a un vaso de cerveza, un
hombre me dice:
–Hay un fusilado que vive.
No sé qué es lo que consigue atraerme en esa historia difusa, lejana, erizada de
improbabilidades. No sé por qué pido hablar con ese hombre, por qué estoy hablando con
Juan Carlos Livraga.
Comunicación CTA Autónoma Provincia de Santa Fe

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