Trabajo docente: cuando lo que se hace es más de lo que se ve

Por Fabio Montero* | El año comenzó como era previsible. La pérdida y suspensión de fuentes laborales que se viene dando como consecuencia de la recesión, apertura de importaciones y el proceso inflacionario genera una creciente conflictividad.

p26f1-3Así las cosas, muchos sectores gremiales comienzan a debatir las paritarias en un contexto donde, para muchos, al menos se trata de no perder el poder adquisitivo de los salarios.

En este marco, los gremios docentes no son la excepción. Las negociaciones comenzaron con un alto nivel de confrontación, donde la falta de respuesta a una paritaria nacional dejó librado a la suerte el debate en cada una de las provincias.

Frente a este panorama, los gobernadores se reunieron a principios de mes para fijar un porcentaje que sirva de referencia para discutir con los sindicatos. Menos de dos horas de reunión fueron suficientes para decidir que la inflación proyectada por el gobierno nacional en el presupuesto de este año (18%) era un buen número para llevarse debajo del brazo.

Pero parece que los gremios docentes tenían otra idea y ya adelantaron el rechazo a la oferta que alientan los gobernadores y anticipan que la discusión debe rondar el 35%

“Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo” diría el ex ministro de economía de Raúl Alfonsín Juan Carlos Pugliese, como una metáfora de que en épocas de permanentes aumentos y pérdidas del poder adquisitivo el órgano más sensible es el bolsillo. Esta realidad da cuenta también que más allá de “la vocación”, la tarea docente también es un trabajo y, como tal, la remuneración es un elemento clave en sus reclamos.

La ex dirigente de Ctera Stella Maldonado sostenía que el trabajo docente ha sido siempre un objeto de conocimiento muy difícil de abordar, pero que es necesario desactivar la idea que reduce la tarea docente a un mero empleo asalariado.

Los que conocen de luchas gremiales dicen que se sabe cuando comienza un conflicto, pero nunca cuando termina. En este marco, aún es incierto el inicio de las clases y la palabra paro es la que más nítidamente se vislumbra en el horizonte.

Palabras ofensivas

La sola idea de medidas de fuerzas docentes que compliquen el inicio del ciclo lectivo no sólo preocupa al gobierno, sino también y, por otras razones, a ciertos sectores de la sociedad que tienen a la escuela como un organizador familiar. Paulo Freire decía que la escuela no debe ser pensada como un lugar de tránsito sino como un lugar de apropiación universal de conocimiento.

El valor social, cultural y hasta asistencial de la escuela ha puesto históricamente a los docentes en un lugar de expectativas social que roza lo sagrado; de hecho Sarmiento era el “padre del aula y como si fuera poco inmortal”.

Por eso algunos grupos sociales, muchos de ellos trabajadores como los maestros, definitivamente no les perdonan a los docentes perder esa especie de “maternidad sagrada” y protestan con dureza cuando se plantean medidas de fuerza que incluyen paro.

En este contexto, las reacciones sociales suelen no corresponderse con la realidad cuando acusan a los gremios de “extorsión”. Frases como “Nadie piensa en los chicos”, “Trabajan pocas horas”, “Tienen tres meses de vacaciones” y la peor: “Toman a los alumnos de rehenes”, comienzan a circular en la comunidad y entre cierta prensa asociada con el descrédito de los trabajadores.

Una realidad laboral tan compleja amerita estar atentos a la connotación que tiene el uso de determinadas palabras. Generalmente están cargadas de ideología, que muchas veces no es advertido por quien las pronuncia y, sin darse cuenta, provoca un daño profundo.

El novelista y escritor Philip Dick señala “La herramienta básica para la manipulación de la realidad es la manipulación de las palabras. Si puedes controlar el significado de las palabras, puedes controlar a la gente que debe usar las palabras”

Muchos grupos interesados en desviar la atención de los reclamos de los trabajadores suelen utilizar las palabras como forma de manipulación, y ponen a los sectores en lucha como generadores de todas las desgracias sociales. Una vez instaladas, las palabras circulan libremente, pero el daño ya está hecho. Tal es el caso, por ejemplo, de la expresión “Tomar de rehén”.

Según su definición, un rehén es “una persona cuya libertad se verá privada y retenida a la fuerza por unos captores con objeto de utilizar esta situación para tratar de obligar a otra persona, organización o nación a cumplir unas condiciones dadas”.

En consecuencia, tomar rehenes supone “una amenaza para el propio rehén y para la parte coaccionada. Hoy en día, esto se considera un delito, y en determinados casos incluso un acto terrorista”.

El día que los docentes dejaron de ser sagrados para convertirse en trabajadores pasaron de “padres del aula” a “captores de niños, que utilizan la situación para forzar determinadas condiciones”

Seguramente la mayoría de las personas que utiliza esta expresión no piensa en la etimología de la palabra, mucho menos considera al docente capaz de realizar, con un paro, un “acto terrorista”. Por eso es importante que las palabras alcancen su verdadero significado y que no sean utilizadas sin referencia con la realidad. O lo que es peor: al servicio de quienes la manipulan.

Las expresiones de descrédito se instalan rápidamente y socavan el acercamiento entre sectores que podrían ser aliados en la búsqueda de condiciones dignas de trabajo. “Nadie piensa en los chicos” es otra frase comúnmente escuchada; sin embargo, aunque las paritarias se reconocen por su aspecto salarial, muchos puntos paritarios tienen que ver con la calidad educativa y las condiciones de trabajo, que apuntan precisamente a pensar en los chicos. La estabilidad laboral, la convocatoria a concursos y las problemáticas de salud docente, entre otras, son condiciones necesarias para una buena calidad docente que influye directamente en las condiciones de aprendizaje.

El secretario general de Amsafé Rosario, Gustavo Teres, señala que “los sistemas educativos más prestigiosos del mundo tienen reconocimientos salariales altos, por eso, reclamar por salarios no se contrapone con «no pensar en los chicos», más aún, cuando en algunas provincias los salarios están apenas por encima del nivel de pobreza. En este contexto, difícilmente se pueda discutir la calidad educativa”.

“Cuánto quieren ganar si no trabajan”, “trabajan cuatro horas por día”, etcétera son expresiones compradas que devastan a los trabajadores de la educación. Nada más alejado de la realidad. La complejidad de las relaciones interpersonales ha transformado el trabajo docente en un espacio pedagógico donde lo que se hace es mucho más de lo que se ve.

“La docencia es un trabajo”, señala la profesora Débora Kozak, pero no como cualquier otro. En nuestras manos se deposita la responsabilidad y la esperanza de que las nuevas generaciones puedan insertarse en el mundo para tener una vida digna. ¿Tan poco vale lo que hacemos para ser objeto de lugares comunes y comentarios ofensivos?.. Ya es hora de que se debata en la sociedad con seriedad este tema y se dejen de lado los preconceptos”.

*Fabio Montero, especial para Diario El Ciudadano

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